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Centenario de la Iglesia 1927 - 2027

Esta es la historia de la iglesia del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, desde su proyecto y construcción hasta nuestros días. Una historia de cien años marcada por la fe, el trabajo de quienes la hicieron posible y la presencia constante de los peregrinos.

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Santuario de Lourdes de Alta Gracia

Cien años de su Iglesia (1927–2027)

1. El inicio

En Alta Gracia, una ciudad de las sierras de Córdoba, Argentina, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes nació en 1916 por iniciativa de Guillermina Achával Rodríguez de Goyena y Delfina Bunge de Gálvez. La idea había comenzado a tomar forma un año antes, cuando Guillermina, mientras permanecía en Alta Gracia por razones de salud, contempló aquellas sierras y pensó en tantos enfermos que llegaban buscando alivio. Imaginó entonces un lugar dedicado a Nuestra Señora de Lourdes.

 

Delfina hizo suyo aquel proyecto y juntas recorrieron los alrededores hasta encontrar el sitio que buscaban, un rincón entre los cerros que pudiera recordar, aun desde la distancia, el paisaje de los Pirineos franceses.

Lucía Gálvez recuerda que aquella primera aspiración comprendía no sólo una gruta, sino también una capilla dedicada a la Virgen de Lourdes. La Gruta sería la primera en hacerse realidad.¹

Después vendrían la búsqueda de recursos, las donaciones recibidas casa por casa, el trabajo de muchas personas y, finalmente, la inauguración de la Gruta el 10 de septiembre de 1916.

Muy pronto comenzaron a llegar los peregrinos. En 1917, sus fundadoras donaron el Santuario a la Orden de los Carmelitas Descalzos, a la que quedó confiado desde entonces. A partir de aquel momento, el lugar fue creciendo alrededor de una devoción que convocaba cada vez a más personas. Llegaban desde Alta Gracia y desde otros lugares, con agradecimientos, pedidos, enfermedades, promesas y esperanzas; llegaban solos, en familia o en peregrinación.

Con el paso de los años fue necesario contar con una iglesia que pudiera acoger esa vida de fe que había nacido antes que ella. En 1927 abriría sus puertas la iglesia del Santuario, y es precisamente ese acontecimiento el que, cien años después, da origen a este recorrido. No celebramos los cien años del Santuario —que en 2027 tendrá ya más de un siglo de historia— sino los cien años de su iglesia, 1927–2027.

Durante un siglo, por sus puertas pasaron generaciones. Cambió Alta Gracia, cambiaron las formas de viajar y de comunicarnos, cambiaron las familias y las costumbres, pero los peregrinos siguieron llegando. Cada 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, y también a lo largo de todo el año, peregrinos encuentran aquí un lugar donde rezar, agradecer, pedir, celebrar, llorar o sencillamente permanecer en silencio.

Por eso este recorrido no quiere contar solamente la historia de la iglesia, sino también la del Santuario que le dio origen, la de quienes soñaron con hacerlo posible, la de los Carmelitas Descalzos que lo han acompañado, la de tantas personas que lo sostuvieron silenciosamente y la de innumerables peregrinos cuyos nombres quizá nunca conoceremos.

Cien años después, la iglesia continúa en el corazón del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia. Los rostros han cambiado y las generaciones también. La iglesia permanece, y la peregrinación continúa.

2. Hacía falta una iglesia

La Gruta había comenzado a recibir cada vez más peregrinos y aquel crecimiento hizo aparecer una necesidad nueva: contar con una iglesia capaz de reunirlos y ofrecer un espacio adecuado para las celebraciones. La documentación del Santuario recuerda que se pensó en levantarla precisamente para “dar cabida a los muchos devotos” que acudían al lugar.²

Un impreso de aquellos años conservado entre la documentación permite escuchar cómo se hablaba entonces del proyecto. Bajo el título “Una nueva Iglesia”, explicaba que los Carmelitas deseaban levantar un templo junto a la Gruta, imitando más ampliamente el conjunto de Lourdes. Señalaba que los planos estaban ya dibujados y pedía la colaboración de vecinos y visitantes de Alta Gracia, porque la iglesia existente en la ciudad ya no alcanzaba para aquella creciente concurrencia.³

La iglesia no surgió, por lo tanto, como una obra separada de la Gruta. Fue una nueva etapa de la misma historia: primero había nacido el lugar de peregrinación; ahora hacía falta una casa donde aquella comunidad pudiera celebrar.

3. Cómo se hizo posible

Volvamos a 1920. La iglesia todavía no existía. Faltaban siete años para su bendición y cuatro para la colocación de su primera piedra. Pero el 9 de agosto de 1920, Guillermina escribió en su diario personal un encabezado que no dejaba lugar a dudas: “Asuntos de la futura Iglesia de Ntra. Sra. de Lourdes de Alta Gracia”.⁴

Debajo registró la primera limosna destinada a aquella futura iglesia: cinco pesos entregados por Emma Goyena. Al dárselos, Emma le dijo que deseaba que se centuplicaran. Guillermina anotó después, con sencillez: “así fue”; enseguida llegaron cinco mil pesos.⁵

El 25 de agosto de 1922 se constituyó una comisión de damas destinada a reunir las limosnas necesarias para levantar la iglesia. La presidían Guillermina y Delfina, nuevamente unidas en una obra que prolongaba aquella que habían comenzado años antes con la Gruta.⁶

Ese mismo año quedó ligado para siempre a la historia de la capilla el nombre de María Santamarina de Avellaneda. Falleció el 7 de diciembre de 1922 y, pocos días después, Nicolás A. Avellaneda escribió a Guillermina comunicándole que ratificaría una donación de cinco mil pesos en memoria de su esposa, expresamente destinada a la iglesia de Alta Gracia.⁷

Dentro de la iglesia permanece hasta hoy una placa que recuerda aquel aporte:

MARÍA SANTAMARINA DE AVELLANEDA
FALLECIÓ EL 7 DE DICIEMBRE DE 1922
FUE LA PRIMERA GRAN CONTRIBUYENTE
PARA LA CONSTRUCCIÓN DE ESTA CAPILLA
ROGAD POR ELLA.⁸

Pero la obra no se sostuvo solamente con grandes donaciones. La Comisión Pro-Capilla desplegó distintas iniciativas para reunir fondos. Un recorte de La Capital del 18 de febrero de 1924 cuenta que se había organizado un té con muy buen resultado, que se preparaba un nuevo beneficio en el cual Delfina daría una conferencia y que se vendían números para la rifa de un collar de perlas finas donado por Nora de Barry.⁹

La iglesia fue reuniendo así pequeñas y grandes ayudas: cinco pesos, cinco mil pesos, limosnas, donaciones, reuniones, rifas y beneficios. No hubo un único benefactor ni una única fuente de recursos. El proyecto fue haciéndose con la colaboración de muchas personas.

Para entonces ya se sabía también cómo sería. Los planos habían sido trazados por Jorge Bunge, hermano de Delfina, y la futura iglesia era presentada como una construcción de “armonioso y sencillo estilo colonial”.¹⁰ Se levantaría sobre el cerro situado junto a la Gruta, ocupando la posición elevada que todavía hoy caracteriza su presencia en el paisaje de Alta Gracia.

El proyecto estaba listo. Faltaba empezar a levantarlo.

4. Una iglesia se levanta

El 25 de marzo de 1924 se colocó la primera piedra. Durante la ceremonia pronunció el discurso el padre Agustín Barrera, de los Padres Lourdistas, quien más tarde sería obispo de Tucumán, y la bendición estuvo a cargo del obispo de Córdoba, monseñor Anselmo Luque.¹¹

Comenzaban formalmente tres años de construcción.

Exactamente tres años después, el 25 de marzo de 1927, monseñor Luque regresó para bendecir la iglesia terminada. Entre los documentos conservados por Guillermina aparece una fotografía de aquella jornada y el recorte que la acompaña registra también la presencia del gobernador de Córdoba, Ramón J. Cárcano.¹²

La primera Misa celebrada en la nueva iglesia estuvo a cargo del entonces párroco de Alta Gracia, padre Ramón Amado Liendo, y la predicación correspondió al padre Calixto.¹³

Habían pasado once años desde la inauguración de la Gruta. Aquella “futura Iglesia” que Guillermina había escrito por primera vez en su diario en 1920 era ya una realidad.

La bendición, sin embargo, no terminó con el esfuerzo económico. Durante los años siguientes continuaron organizándose actividades en su beneficio. Se conserva el programa de una gran función en el Cine Avenida y, el 15 de octubre de 1930, la Comisión Pro-Capilla organizó un importante concierto en el Teatro San Martín de Alta Gracia, con la participación del pianista Ricard Viñes y de Victoria Ocampo, entre otros artistas.¹⁴

La historia de aquellos primeros años muestra así que la iglesia siguió necesitando de la comunidad aun después de haber abierto sus puertas.

En 1942, quince años después de su bendición, el interior fue decorado con motivos inspirados en Lourdes y en la Orden del Carmen, obra de los artistas Carlos Camilloni y Antonio Pedone. Aquella intervención dio al templo buena parte de la fisonomía artística que todavía conserva.¹⁵

Ese mismo año, el 7 de febrero de 1942, Guillermina volvió en su diario sobre la historia de la obra. Después de tantos años, recordaba la facilidad con que habían logrado reunir en tan poco tiempo el dinero necesario para llevarla adelante.¹⁶ La frase resulta especialmente significativa después de conocer todo lo que hubo detrás de esa aparente facilidad: donaciones, limosnas, reuniones, rifas, beneficios y muchas personas comprometidas con el proyecto.

También en los recuerdos de aquellos años aparece la iglesia ya plenamente integrada a la vida del Santuario. Delfina evocó las procesiones con el Santísimo que descendían desde la capilla hasta la Gruta y luego volvían a subir.¹⁷ Iglesia y Gruta no eran dos espacios independientes: la propia celebración religiosa recorría el camino que las unía.

En aquellas procesiones, la multitud bajaba hacia la Virgen y regresaba después hacia la iglesia. Delfina conservó incluso la imagen del atardecer, cuando el cielo comenzaba a ponerse rosado, aparecía la primera estrella y se encendían las velas alrededor de la Virgen.¹⁸ La arquitectura había creado un nuevo espacio; los peregrinos, con sus recorridos, sus oraciones y sus celebraciones, terminaron de darle vida.

Muchos años después, Delfina volvió a reconocer expresamente la importancia de la obra de su hermano. El 20 de septiembre de 1949 le envió a Jorge una postal de Alta Gracia. Allí le decía que aquello que veía sería siempre “tu obra más prominente” y observaba que, aunque no estuviera situada a gran altura, “la humilde iglesita domina toda Alta Gracia”.¹⁹

La ubicación que Jorge había elegido casi tres décadas antes se había convertido en una de las imágenes características del lugar.

5. Un domingo en Alta Gracia

En marzo de 1952, al cumplirse veinticinco años de la bendición de la iglesia, Delfina volvió una vez más a Alta Gracia junto a Guillermina para celebrar aquel aniversario. Sánchez de Loria recuerda que decidió viajar para festejar los veinticinco años de aquella querida obra de Lourdes.²⁰ Su salud se había debilitado durante el año anterior, pero quiso regresar a aquel lugar al que había quedado unida desde sus comienzos. Había dicho alguna vez, refiriéndose a Alta Gracia: “Este lugar es tan lindo como para morir en él”.²⁰

Había, además, una coincidencia difícil de pasar por alto. Cuarenta y ocho años antes, Delfina había escrito un poema en el que imaginaba su propia muerte y expresaba un deseo preciso: “Ya que morir yo debo, un domingo, quisiera…”. En aquellos versos imaginaba las campanas repicando, a los niños cantando y, sobre la colina, la cruz iluminada por la esperanza.²¹

Delfina murió en Alta Gracia la mañana del domingo 30 de marzo de 1952, a los setenta años. Lucía Gálvez recuerda que fue una muerte suave y tranquila, un desvanecimiento del que no despertó. Después sus restos fueron trasladados a Buenos Aires y sepultados en la Recoleta.²²

La coincidencia resulta especialmente conmovedora: murió un domingo, en Alta Gracia, el lugar que había elegido y amado, junto a la obra a la que había dedicado tantos años de su vida. Aquellos versos escritos casi medio siglo antes parecían encontrar allí, inesperadamente, su última imagen.

La historia del conjunto siguió creciendo.

En 1958 fue inaugurado el Vía Crucis, que incorporó al Santuario un nuevo recorrido de oración. En 1968 se levantó la Cruz monumental que domina el conjunto, y hacia 1979–1980 quedó terminado un lugar destinado al descanso y la atención de los peregrinos.²³

Lo que había comenzado con una Gruta en 1916 y había encontrado su iglesia en 1927 fue transformándose poco a poco en un verdadero espacio de peregrinación: Gruta, iglesia, caminos, Vía Crucis, Cruz y lugares de acogida.

La iglesia había sido levantada para recibir a los peregrinos. Con el paso de las décadas, fueron los peregrinos quienes terminaron de hacer de ella un Santuario.

6. La Manifestación
 

Pasaron las décadas y la iglesia también comenzó a mostrar las huellas del tiempo. En 2011 se inició una importante etapa de restauración que comprendió trabajos tanto en el exterior como en el interior, entre ellos la fabricación de vitrales y la recuperación de los frescos.²⁴

Dentro de aquellas tareas se decidió también restaurar el retablo principal. A fines de agosto de 2011 fue retirada de su hornacina la imagen de Nuestra Señora de Lourdes que ocupaba el centro del altar. La intención era trabajar sobre ese espacio y restaurar también la imagen.²⁵

Fue entonces cuando ocurrió un hecho inesperado.

Días después de retirar la estatua, uno de los sacerdotes del Santuario, al disponerse a cerrar la iglesia, observó desde la entrada una figura en el lugar que había quedado vacío. A la distancia parecía que la imagen de la Virgen hubiera vuelto a ocupar la hornacina. Sin embargo, al acercarse comprobó que la estatua no estaba allí. Volvió a alejarse y la figura reapareció; se acercó nuevamente y parecía desvanecerse.²⁵

Lo que se veía no era una nueva imagen colocada en el altar ni una figura claramente pintada sobre la madera. Desde cierta distancia podía distinguirse una silueta semejante a la de la Virgen de Lourdes, de tonalidad gris plateada, en la que se reconocían el contorno de la figura, algunos pliegues del manto y ciertos rasgos interiores. Al aproximarse a la hornacina, en cambio, aquella forma perdía definición hasta dejar de percibirse como una imagen.²⁶

Durante algunos días el hecho permaneció prácticamente dentro del ámbito del Santuario. Pero la noche del viernes 9 de septiembre, dos servidoras difundieron las primeras fotografías a través de una red social. Al día siguiente ocurrió algo que cambiaría nuevamente la vida del lugar.²⁷

El sábado 10 de septiembre de 2011, exactamente noventa y cinco años después de la inauguración de la Gruta, comenzaron a llegar numerosas personas para contemplar aquella imagen de la que ya se hablaba en Alta Gracia. La noticia se extendió con enorme rapidez. Para el mediodía del lunes 12, las autoridades locales calculaban que alrededor de cincuenta mil personas habían pasado por la iglesia desde el sábado por la tarde.²⁷

El fenómeno colocó a los Carmelitas Descalzos ante una situación que requería prudencia. Frente a versiones que hablaban inmediatamente de una aparición o de un milagro, los frailes difundieron un comunicado en el que se limitaron a afirmar que la “manifestación de la imagen de la Santísima Virgen María en la iglesia” no tenía, por el momento, explicación.²⁸

La elección de las palabras fue importante. No se declaró una aparición ni se afirmó un milagro. Se constataba algo visible, que podía ser observado por cualquier persona que ingresara en la iglesia, y se reconocía que no se conocía su causa.

Al año siguiente, en 2012, se realizó un estudio preliminar sobre el fenómeno. Se consideraron distintas posibilidades: efectos de iluminación y reflejos, alteraciones de la pintura de la hornacina, la existencia de alguna imagen antigua subyacente u otros mecanismos todavía no determinados. El estudio no llegó a una explicación científica definitiva y recomendó continuar con análisis históricos, químicos, ópticos y fotográficos más precisos.²⁹

Hay además una particularidad que continúa llamando la atención de quienes visitan la iglesia. La figura se percibe mejor desde el fondo del templo. A medida que quien la contempla avanza hacia el altar, comienza a perder definición hasta desaparecer como figura al llegar cerca de la hornacina.²⁹

Desde la fe, esa particularidad ha adquirido para muchos peregrinos un significado que va más allá de intentar resolver el origen material del fenómeno. Desde lejos aparece María; al avanzar hacia el altar, su figura se desvanece y queda en el centro aquello hacia lo cual toda devoción mariana conduce: Jesús

.

La Iglesia, sin embargo, no necesita explicar aquel fenómeno para reconocer lo que sucedió a partir de él. Miles de personas volvieron a subir hasta aquella iglesia. Algunos llegaron por curiosidad; otros, movidos por la fe, la enfermedad, una promesa, una preocupación o simplemente por el deseo de rezar. Más de ochenta años después de haber sido construida para “dar cabida a los muchos devotos”, la pequeña iglesia volvía a encontrarse llena de peregrinos.

Y hay una coincidencia en las fechas que parece unir distintos momentos de esta historia. La Gruta había sido inaugurada el 10 de septiembre de 1916. Noventa y cinco años más tarde, el 10 de septiembre de 2011, una multitud volvía a reunirse allí a raíz de lo que comenzaría a conocerse sencillamente como “La Imagen”.

Una vez más, la historia de Lourdes de Alta Gracia volvía a escribirse con peregrinos llegando hasta aquel lugar.

7. Cien años después

En 2027 se cumplen cien años de la bendición de aquella iglesia que comenzó a levantarse para recibir a los peregrinos que ya llegaban hasta la Gruta. Desde aquel 25 de marzo de 1927, generaciones enteras pasaron por sus puertas. Algunos dejaron sus nombres en documentos, placas y fotografías; de la inmensa mayoría no quedó registro alguno. Llegaron para agradecer, pedir, cumplir una promesa, acompañar a un enfermo, celebrar una Misa o simplemente permanecer un rato en silencio.

La iglesia también cambió. Fue decorada, restaurada y cuidada; vio crecer a su alrededor el Vía Crucis, la gran Cruz y los espacios destinados a quienes llegaban en peregrinación. En 2011 volvió a llenarse de personas atraídas por la manifestación observada en el retablo. Pero, detrás de cada transformación y de cada acontecimiento, permaneció la razón por la que había sido construida: dar cabida a quienes llegaban hasta Nuestra Señora de Lourdes.

Cien años después, aquella pequeña iglesia de “sencillo estilo colonial” sigue en lo alto, junto a la Gruta. Ya no están Guillermina ni Delfina, ni Jorge Bunge, ni quienes hicieron las primeras donaciones, organizaron rifas, ofrecieron conciertos o colocaron la primera piedra. Pero la obra que imaginaron continúa viva cada vez que alguien sube sus escalones y entra a rezar.

Desde el comienzo, en el centro de esta historia estuvo María. Fue su nombre el que reunió a Guillermina y Delfina alrededor de un sueño, el que llevó a los primeros peregrinos hasta aquellas sierras y el que siguió convocando, generación tras generación, a quienes subieron hasta la Gruta y la iglesia.

 

Para unos fue consuelo; para otros, esperanza, compañía o refugio. Cada uno llegó con su propia historia, pero todos encontraron allí la misma presencia maternal que conduce siempre hacia su Hijo.

Quizá por eso, al mirar estos cien años, la historia de la iglesia puede leerse también como la historia de una respuesta: la de tantas personas que, atraídas por Nuestra Señora de Lourdes, hicieron posible aquel lugar y continuaron sosteniéndolo con su fe. La iglesia fue construida para recibirlas, pero fue María quien, desde el comienzo, las reunió.

Tal vez por eso la historia de esta iglesia no pueda terminar realmente en una fecha. 1927–2027 señala sus primeros cien años, pero no su final. La Gruta permanece, la iglesia permanece y los peregrinos continúan llegando.

Y mientras alguien siga subiendo hasta Lourdes con una oración en el corazón, esta historia seguirá escribiéndose.

Notas y fuentes

1. Lucía Gálvez, Las mujeres y la patria, capítulo dedicado a Delfina Bunge. La autora recuerda la intención de construir en Alta Gracia “una gruta y una capilla”.

2. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, 2016. Sección “Historia, Arquitectura y Restauración de la Capilla”. Archivo del Santuario.

3. Impreso de época, p. 112, apartado “Una nueva Iglesia”, conservado fotográficamente entre la documentación reunida para esta investigación. La publicación exacta queda pendiente de identificación.

4. Diario personal de Guillermina Achával Rodríguez de Goyena, folio 10. Anotación del 9 de agosto de 1920.

5. Diario personal de Guillermina Achával Rodríguez de Goyena, folio 10. Primera limosna destinada a la futura iglesia.

6. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, 2016. Constitución de la comisión de damas del 25 de agosto de 1922.

7. Correspondencia de Nicolás A. Avellaneda a Guillermina Achával Rodríguez de Goyena, 29 de diciembre de 1922.

8. Placa conservada en el interior de la iglesia, a la derecha del ingreso, dedicada a María Santamarina de Avellaneda.

9. La Capital, 18 de febrero de 1924. Recorte periodístico conservado entre la documentación personal de Guillermina.

10. La Capital, 18 de febrero de 1924. Referencia a los planos de Jorge Bunge y al estilo de la futura iglesia.

11. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, 2016. Colocación de la primera piedra, 25 de marzo de 1924.

12. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario; fotografía y recorte conservados entre la documentación de Guillermina sobre la bendición de 1927.

13. Documentación reunida sobre la bendición e inauguración de la iglesia del 25 de marzo de 1927, en la que se identifica al padre Ramón Amado Liendo como celebrante de la primera Misa y al padre Calixto como predicador.

14. Programa del concierto benéfico organizado por la Comisión Pro-Capilla de Nuestra Señora de Lourdes, Teatro San Martín de Alta Gracia, 15 de octubre de 1930. Fondo Ricard Viñes, Universitat de Lleida.

15. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, 2016. Decoración realizada en 1942 por Carlos Camilloni y Antonio Pedone.

16. Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, Delfina Bunge. Una católica militante en tiempos turbulentos, MilPalabras Estudio, 2024. Anotación de Guillermina del 7 de febrero de 1942.

17. Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, Delfina Bunge. Una católica militante en tiempos turbulentos, 2024. Recuerdo de las procesiones entre la capilla y la Gruta.

18. Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, Delfina Bunge. Una católica militante en tiempos turbulentos, 2024. Descripción de las procesiones y de las velas encendidas junto a la Gruta.

19. Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, Delfina Bunge. Una católica militante en tiempos turbulentos, 2024. Postal de Delfina a Jorge Bunge, Alta Gracia, 20 de septiembre de 1949.

20. Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, Delfina Bunge. Una católica militante en tiempos turbulentos, 2024. Referencia a la última estadía de Delfina en Alta Gracia y a su expresión sobre el lugar.

21. Delfina Bunge, poema escrito cuarenta y ocho años antes de su muerte, citado por Horacio M. Sánchez de Loria Parodi al reconstruir sus últimos días.

22. Lucía Gálvez, Delfina Bunge. Diarios íntimos de una época brillante. Relato de la muerte de Delfina en Alta Gracia, el 30 de marzo de 1952.

23. Folleto de la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes, Alta Gracia. Reseña histórica del Santuario: inauguración del Vía Crucis en 1958, Cruz monumental en 1968 y espacio para el descanso del peregrino terminado hacia 1979–1980.

24. Nuestra Señora de Lourdes. 100 años. Alta Gracia – Córdoba. Publicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, 2016. Sección “Historia, Arquitectura y Restauración de la Capilla”. La restauración iniciada en 2011 comprendió trabajos exteriores e interiores, fabricación de vitrales y restauración de frescos.

25. Reseña histórica del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia y documentación sobre la manifestación de la hornacina. A fines de agosto de 2011 se retiró la imagen de Nuestra Señora de Lourdes para su restauración; días después fue observada por primera vez la figura en el retablo.

26. Informe preliminar sobre la manifestación de la hornacina. La figura fue descripta con tonalidad gris plateada y proporciones semejantes a las de la estatua retirada; su percepción variaba según la distancia.

27. Cronología difundida por el Santuario y reproducida por la Agencia Córdoba Turismo: primeras fotografías difundidas la noche del 9 de septiembre; llegada masiva de peregrinos desde el 10; alrededor de cincuenta mil visitantes hasta el mediodía del 12 de septiembre de 2011.

28. Comunicado de los Padres Carmelitas Descalzos del Santuario de Lourdes de Alta Gracia, septiembre de 2011, emitido ante la repercusión pública del fenómeno.

29. Informe preliminar realizado en 2012 sobre la figura observada en la hornacina del retablo. El estudio no estableció una explicación científica definitiva y recomendó continuar con investigaciones históricas, químicas, ópticas y fotográficas.

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