
Catequesis
¿Qué es la Misa?
En esta catequesis descubrimos por qué Jesús entregó su vida por nosotros y cómo su misterio de salvación se hace presente hoy en la Misa. También profundizamos en el significado de la Eucaristía y de recibir verdaderamente a Cristo.
¿Qué es la Misa?
Para salvarnos de la muerte y del pecado, Dios Padre envió a su Hijo al mundo. Su Hijo se hizo hombre y recibió el nombre de Jesús.
Jesucristo vino a sanar el corazón humano, herido por el egoísmo. Porque el pecado, en el fondo, es eso: elegirse a uno mismo por encima de Dios y de los demás. Para vencer ese egoísmo, Jesús no se guardó nada para sí: entregó su vida por nosotros en la Cruz y, al tercer día, resucitó.
Con su muerte, Jesús entró en nuestra muerte. Y con su resurrección, la venció desde adentro. Así, por su entrega, Cristo abrió las puertas del Cielo para todos los que quieran seguirlo y vivir como Él: entregándose por amor al prójimo, especialmente por los más pobres, los que sufren y los más necesitados.
Pero esa entrega de Jesús no quedó solamente en el pasado. Dios quiso que el fruto de la Cruz y de la Resurrección llegara también a nosotros, hoy. Quiso que pudiéramos recibir el perdón de los pecados, la esperanza del Cielo y la fuerza para amar y servir como Cristo nos amó y nos sirvió.
Entonces surge una pregunta: ¿cómo podemos nosotros hacernos presentes en aquel acontecimiento de salvación que ocurrió una vez, hace tantos años, en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, es decir, en su Pascua?
La respuesta es una sola: participando de la Misa.
La Misa es el lugar santo donde el sacrificio de Jesús en la Cruz y su victoria en la Resurrección se hacen presentes para nosotros. No como un recuerdo lejano, ni como una simple representación, sino como un misterio vivo que Dios pone delante de nuestra alma.
Cada vez que participamos de la Misa, creemos que Dios sigue obrando su salvación de un modo especial. Y cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no recibimos algo simbólico: lo recibimos a Él. Jesús viene a vivir dentro de nosotros, para perdonarnos, fortalecernos y enseñarnos a amar como Él.
Pero todavía hay más. La Misa no repite el sacrificio de Cristo, porque ese sacrificio es único y definitivo. Es el mismo y único misterio que, cada vez que se celebra, se hace presente, se profundiza y se arraiga más en nuestro espíritu.
