
Catequesis
MANIFESTACIÓN EN LA HORNACINA DEL RETABLO DEL ALTAR
En esta catequesis descubrimos el significado de la manifestación observada en el retablo del Santuario y la importancia de distinguir entre un signo visible y la fe. También aprendemos que los signos pueden ayudarnos a dirigir la mirada hacia Dios y hacia la presencia maternal de María.
Manifestación en la hornacina del retablo del altar
En septiembre de 2011, en la capilla del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia, ocurrió un hecho que llamó rápidamente la atención de muchos peregrinos. La imagen de la Virgen de Lourdes que estaba en la hornacina central del retablo fue retirada y, en su lugar, comenzó a percibirse una figura semejante a ella sobre la madera pintada del altar.
No se trataba de una nueva estatua colocada allí, ni de una imagen claramente pintada a simple vista. Según el informe preliminar realizado por científicos en aquel tiempo, la figura aparecía con proporciones semejantes a las de la imagen original, con una tonalidad gris plateada, y dejaba distinguir el contorno de la estatua de la Virgen, algunos pliegues del manto y ciertos rasgos interiores. Sin embargo, la imagen no se veía del mismo modo desde cualquier lugar. Se percibía mejor desde el fondo de la capilla, con determinadas condiciones de luz, y al acercarse al altar se hacía menos visible, hasta desaparecer como figura.
El informe, realizado específicamente en 2012, no pudo dar una explicación científica definitiva del fenómeno observado. Para realizarlo, se consideraron distintas posibilidades: efectos de la luz, reflejos, alteraciones en la pintura de la hornacina, una posible imagen antigua subyacente o algún otro mecanismo todavía no determinado. De todos modos, se recomendó continuar con estudios más precisos, históricos, químicos, ópticos y fotográficos, para comprender mejor el origen de la imagen.
A la luz de todo esto, lo más adecuado es hablar de una manifestación observada en el retablo, recibida con respeto, pero sin afirmar más de lo que la Iglesia misma ha declarado.
Con todo, nada impide que el hecho pueda ser meditado con humildad y enteramente desde la fe. Como en todo acto de fe, la persona que cree no deposita su confianza en el signo visible, pues, naturalmente, esto es algo que puede ser percibido por cualquiera. La fe debe dirigirse a aquello hacia lo cual el mismo signo conduce y que no puede verse. En este caso, aun cuando la ciencia no explicase jamás el origen de la manifestación, e incluso si llegase a decir que no hay explicación científica para ella, la fe seguiría siendo necesaria para afirmar que aquello que todos vemos es una revelación de la Virgen María. Nadie ha visto a la Virgen tal cual era en la tierra; por eso, cualquier signo de ella, por más imponente que sea, es solo un signo. Por eso, todo creyente deberá realizar su propio acto de confianza para llegar a afirmar que, la figura que aparece en el retablo, es una representación de la mismísima Madre de Dios
