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Catequesis

¿QUÉ ES LA CONFESIÓN?

 

En esta catequesis descubrimos qué es el sacramento de la Confesión y cómo, a través del sacerdote, recibimos el perdón y la misericordia de Dios. También comprendemos por qué Jesús quiso confiarnos este camino de reconciliación dentro de la Iglesia.

¿Qué es la Confesión?

La Confesión es uno de los siete sacramentos de la Iglesia.

¿Y qué es un sacramento? Es un signo visible, algo concreto que se puede ver, tocar, oler, oír, y gustar, en el que Dios nos comunica una gracia invisible. Es decir, por medio de algo que podemos ver, escuchar y vivir, llega a nuestra alma la fuerza salvadora de la Pascua: la muerte y la resurrección de Jesús. Esa fuerza no la vemos con los ojos, pero sí podemos experimentarla en el corazón.

En cada sacramento, Cristo obra algo concreto en nuestra vida. En la Confesión, ese fruto es el perdón de los pecados y la reconciliación con Dios. Allí, el signo sacramental aparece en un gesto muy sencillo y, al mismo tiempo, muy profundo: el penitente se acerca al sacerdote, reconoce sus faltas, las confiesa con humildad y recibe, por medio de la absolución, el perdón que viene del Señor.

Entonces puede surgir una pregunta: ¿por qué es necesario confesarse con un sacerdote? ¿No podría uno confesarse directamente con Dios?

Es verdad que Dios escucha siempre el corazón arrepentido. Pero también es verdad que Jesús quiso que su perdón nos llegara a través de la Iglesia. Por eso confió a los apóstoles, y en ellos a sus sucesores y colaboradores, el ministerio de perdonar los pecados en su nombre.

Esto tiene un sentido muy profundo. Dios no quiso salvarnos como personas aisladas, encerradas en nosotros mismos. Quiso rescatarnos dentro de un pueblo, dentro de una familia, dentro de la Iglesia. Porque una de las tentaciones más peligrosas del corazón humano es la independencia entendida como autosuficiencia: creer que uno se basta solo, que no necesita de nadie, ni siquiera para volver a empezar.

Por eso, en toda la obra de la salvación, Dios nos enseña a contar con otro. Nadie se salva solo. También en la Confesión necesitamos acudir a alguien: no a una persona cualquiera, sino al sacerdote, que actúa en nombre de Cristo y de la Iglesia.

Así, cuando confesamos nuestros pecados, no estamos simplemente descargando la conciencia delante de un hombre. Estamos poniéndonos humildemente ante Dios, que nos recibe a través de su ministro, nos levanta con su misericordia y nos devuelve la gracia para caminar de nuevo como hijos suyos.

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