
LOS CARMELITAS DESCALZOS EN EL SANTUARIO
La presencia de los Frailes Carmelitas Descalzos forma parte de la historia del Santuario prácticamente desde sus comienzos. La Gruta de Nuestra Señora de Lourdes fue inaugurada el 10 de septiembre de 1916 y, pocos meses después, el 2 de marzo de 1917, los Carmelitas Descalzos se hicieron cargo del Santuario.
Las fundadoras habían confiado aquella obra naciente a la Orden, y desde entonces los frailes asumieron la atención espiritual de los peregrinos que llegaban hasta este lugar para rezar, agradecer y presentar sus necesidades a la Virgen.
Desde aquellos primeros años, su misión ha sido custodiar este lugar de oración y acompañar pastoralmente a quienes llegan a él. A través de la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos, la predicación, la oración y la acogida de los peregrinos, los Carmelitas han acompañado el crecimiento del Santuario y la vida de las generaciones que fueron llegando hasta la Gruta.
Su presencia tiene además una profunda sintonía con la identidad mariana de Lourdes. El Carmelo es una familia religiosa especialmente unida a la Virgen María, a quien reconoce como Madre, Hermana, Señora y modelo de vida. La espiritualidad carmelitana invita al silencio, a la oración interior y a vivir en amistad con Dios, para que ese encuentro se transforme después en fraternidad y servicio a los demás.
Así, desde 1917, la historia del Santuario de Lourdes de Alta Gracia y la presencia de los Carmelitas Descalzos han quedado profundamente unidas. Los frailes continúan hoy la misión recibida entonces: cuidar este lugar y acompañar a quienes llegan hasta él para encontrarse con Dios de la mano de Nuestra Señora de Lourdes.
Para comprender mejor quiénes son los Carmelitas Descalzos y cuál es la espiritualidad que anima su vida y su servicio, te invitamos a conocer la Familia del Carmelo.
LA FAMILIA DEL CARMELO
Es una comunidad espiritual dentro de la Iglesia. Está formada por frailes, monjas, religiosas, consagrados, laicos y amigos del Carmelo que, cada uno según su estado de vida, procura unirse a Dios por medio de la oración, la fraternidad y el servicio.
El corazón del Carmelo es vivir esta unión en clave de amistad. El carmelita no busca solamente hablar de Dios, sino vivir en su presencia: aprender a escucharlo y a dejarse transformar por Él para vivir en fraternidad con los demás. Por eso, la oración, que ocupa un lugar tan importante en esta espiritualidad, es un trato de amistad con el Señor, que después se expresa en la caridad, en la entrega y en el servicio concreto a los hermanos.
Desde sus orígenes, el Carmelo está profundamente unido a la Virgen María. Los carmelitas la reconocen como Madre, Hermana, Señora y modelo de vida. Por eso se ha dicho muchas veces que “el Carmelo es todo de María”.
En este santuario, esa presencia mariana tiene una historia particular. La Gruta de Nuestra Señora de Lourdes de Alta Gracia fue construida entre 1915 y 1916 como una réplica de la Gruta de Massabielle, en Francia, y fue inaugurada el 10 de septiembre de 1916. Desde 1917, los Carmelitas Descalzos quedaron vinculados a este sitio y asumieron la atención espiritual de los peregrinos que llegaban a rezar, agradecer y confiar sus necesidades a la Virgen.
Hay, además, un detalle hermoso que une Lourdes con el Carmelo. La última aparición de la Virgen a Santa Bernardita fue el 16 de julio de 1858, día en que la Iglesia celebra a Nuestra Señora del Carmen. Ese día, Bernardita vio a la Virgen por última vez y dijo que nunca la había visto tan hermosa. Así, la historia de Lourdes quedó discretamente tocada por una fecha muy querida para la familia carmelitana.